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Gripe vs Resfriado: aprende a diferenciarlas

  • galvezdjoum
  • 20 nov 2019
  • 3 Min. de lectura


La gripe y el resfriado son infecciones del tracto respiratorio superior muy habituales, causadas por virus. Aunque ambas tienen una sintomatología similar no deben ser confundidas.


La gripe es una infección vírica aguda de las vías respiratorias altas causada por el virus de la gripe o influenza. Entre sus características más importantes está su elevada capacidad de transmisión de una persona a otra. Habitualmente se presenta como una epidemia durante el invierno, en los meses más fríos.

Sus síntomas, como fiebre alta, dolores musculares, malestar general, tos seca…aparecen de repente.


El resfriado común es la patología más frecuente, más común, en la raza humana. Consiste en una infección aguda de las vías respiratorias que puede ser provocada por más de 200 virus diferentes, siendo algunos más predominantes, como el rinovirus o el coronavirus, entre otros.

Puede aparecer durante todos los meses del año. Normalmente cursa sin fiebre, y va acompañado de estornudos, mucosidad, congestión nasal, lagrimeo en los ojos, tos, irritación y picor nasal. En algunos casos, puede haber fiebre leve.



Prevención de la gripe

La forma más eficaz de prevenir la enfermedad es la vacunación. Hay vacunas seguras y eficaces que se vienen utilizando desde hace más de 60 años. La inmunidad de origen vacunal se atenúa con el tiempo, por lo que se recomienda la vacunación anual. Las más utilizadas en el mundo son las vacunas inyectables con virus inactivados.


En los adultos sanos, la vacunación antigripal es protectora, incluso cuando los virus circulantes no coinciden exactamente con los virus vacunales. No obstante, en los ancianos la vacunación puede ser menos eficaz para prevenir la enfermedad, aunque reduce la gravedad de la enfermedad y la incidencia de complicaciones y muertes. La vacunación es especialmente importante en personas con alto riesgo y en quienes las atienden o viven con ellas.


La OMS recomienda la vacunación anual en:

  • Embarazadas en cualquier fase de la gestación

  • Niños de 6 meses a 5 años

  • Mayores de 65 años

  • Pacientes con enfermedades médicas crónicas

  • Profesionales sanitarios.

Las vacunas antigripales son más eficaces cuando hay gran coincidencia entre los virus circulantes y los virus vacunales. Debido a la naturaleza cambiante de los virus gripales, el SMVRG —un sistema mundial de Centros Nacionales de Gripe y Centros Colaboradores de la OMS— hace un seguimiento continuo de los virus gripales circulantes en la población humana y actualiza la composición de las vacunas dos veces al año.


Durante muchos años la OMS viene actualizando sus recomendaciones sobre la composición de la vacuna trivalente, dirigida frente a los tres tipos más representativos de virus circulantes (dos subtipos de los virus gripales A y un virus B).

Vacunas tetravalentes contienen un segundo virus del tipo B, y se espera que ofrezcan una protección más amplia frente a las infecciones por virus de la gripe de tipo B. También hay vacunas en forma de aerosol nasal.

La profilaxis con antivíricos antes o después del contacto con el virus es posible, pero depende de varios factores, como el tipo de exposición, el riesgo asociado a ella y factores personales.


Además de la vacunación y el tratamiento antivírico, la gestión desde el punto de vista de la salud pública incluye medidas de protección personal, como:

  • Lavarse las manos frecuentemente y secárselas bien

  • Mantener una buena higiene respiratoria, cubriéndose la boca y la nariz al toser o estornudar con pañuelos y desechándolos correctamente

  • Autoaislarse rápidamente en caso de malestar, fiebre u otros síntomas gripales

  • Evitar el contacto con personas enfermas

  • Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca

 
 
 

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